Respuesta a "Reflexión de un karateca"

Hace unos días me llegó por mail un artículo anónimo referente a este tema, el cual paso a responder desde aquí.

Creo que la reflexión que hace el autor es correcta, pero caben ciertos matices, la mayoría de ellos explicables con una simple afirmación, el karate no es un deporte.

En el artículo se analiza principalmente el comportamiento de todos los estamentos que forman el karate de competición, jueces, competidores, entrenadores, etc. Y se alude a la falta de comportamiento adecuado que se suele observar en cualquier evento de este tipo. Yo mismo he tenido que aguantar como un padre le decía a su hijo de 10 años que matase al otro competidor, o como un entrenador me insultaba mentando a mi madre porque su pupilo no había ganado una ronda en una competición de katas.

Hay otros ejemplos de este tipo. En la memoria de todos está esa desagradable imagen de un competidor de Taekwondo golpeando a un árbitro en los juegos olímpicos de Pekín (enlace), o en youtube se puede encontrar un video de un juez que arremete contra un competidor (enlace).

Todo esto lo ocasiona algo muy sencillo, el interés personal y el haber convertido un arte de defensa personal en un deporte-espectáculo. El interés del entrenador por ser famoso al haber “sacado” un gran campeón, el interés de los árbitros por tener cierto renombre o por beneficiar a ciertos gimnasios con sus acciones, el interés de los cargos federativos para volver a ser elegidos y seguir mandando, todo eso es diametralmente opuesto a los valores filosóficos que siempre se pretende transmitir con la enseñanza de Karate.

El Karate, no es un deporte. Es un arte marcial, sus técnicas tienen que ser letales y debe proporcionar al practicante elementos que le sirvan en su vida cotidiana: disciplina, cortesía, humildad, espíritu de superación, etc.

Cuando algo se convierte en una competición, los intereses, cambian; los objetivos, cambian; todo lo que nos proporciona el arte marcial en sí mimo desaparece y lo que nos aporta es justamente lo contrario, rivalidad, envidias, prepotencia, despotismo, etc. Cuando tenemos la necesidad de ganar a otra persona bajo unas reglas, el arte marcial desaparece, porque tarde o temprano querremos que esas reglas se interpreten a nuestro favor.

Por desgracia he tenido que asistir muchas veces a discusiones acaloradas entre jueces porque uno de sus alumnos había sido perjudicados de alguna manera por otro árbitro o disputas absurdas entre entrenadores por rencillas personales que acaban trasladando a sus competidores.

La mayoría de los profesores de Karate, no son maestros, incluso dudo que debieran llamarse profesores, son entrenadores deportivos. Gente que busca el reconocimiento y subir su ego utilizando el talento y las cualidades físicas de sus pupilos y transmitiendo valores que poco o nada tienen que ver con el Karate. De hecho, la mayoría de sitios donde se “enseña” Karate no son dojos, son gimnasios donde el Karate es una actividad más, al mimo nivel que el Aerobic, el Body Pump o el Spinning.

El Karate es un arte marcial, y la competición lo está degenerando exponencialmente, tanto en lo técnico como en lo moral. El autor del artículo que aquí respondo, ofrece una solución, buscar en los orígenes, en los principios y enseñarlos. Personalmente ofrezco otra parecida, erradicar la competición del karate y potenciar la disciplina que practicamos desde tres vertientes complementarias, la eficacia de las técnicas, la salud y los valores morales.

No debemos igualarnos a otros deportes, como el fútbol por ejemplo, donde es habitual ver agresiones, discusiones, rivalidades entre aficiones opuestas, etc. El karate no es un deporte, no debe regirse por sus mismas reglas, es un arte marcial que debe proporcionar al practicante otros objetivos, no sólo ganar al contrario.

Para concluir, hay una anécdota de un estudiante que le preguntó a Gichin Funakoshi: "Cuál es la diferencia entre un hombre de Tao (Do) y un Hombre Pequeño?" El Sensei replica, " Eso es fácil. Cuando un hombre pequeño recibe su primer dan, casi no puede esperar partir a casa y gritar a todo pulmón para contarle a todos que es primer dan. Cuando recibe su segundo dan, se subirá a los techos y le contará a la gente. Cuando recibe su tercer dan, saltará dentro de su automóvil y dará vueltas al pueblo tocando la bocina y contándole a todos sobre su tercer dan."

El Sensei continúa, "Cuando un hombre de Tao recibe su primer dan, inclinará su cabeza agradecido. Al recibir su segundo dan , inclinará su cabeza y sus hombros. Al recibir su tercer dan, se inclinará hasta su cintura y se irá caminando calladamente a lo largo de alguna pared para que la gente no lo vea y no se den cuenta de él."


3 comentarios:

LaMáquina dijo...

Muchas gracias por tu blog, es una maravilla.

Miguel dijo...

Opino lo mismo que tú. Quizás sea excesivo eliminar la parte de deporte, ya que, aunque pocos, algunos beneficios tiene. Sin embargo hay que diferenciar el arte marcial del deporte, y los dojos de los gimnasios, y los sensei de los entrenadores deportivos. Así luego se ve lo que se ve, y da pena...

Luis Arturo Jiménez Cervantes dijo...

No puedo estar más de acuerdo con este post y el anterior. Unauq también comparto la opinión de Miguel, algun beneficio se encuentra a la competencia. Yo actualmente me encuentro a punto de participar como "entrenador" en la competencia universitaria nacional de mi país (universiada en méxico, no se como se le denomine en otros países), y sé a lo que estoy llevando a mis muchachos, sé que al juez principal no le caigo bien por el hecho de pertenecer a una escuela que no se encuentra registrada en la asociación estatal, y este desagrado de su parte me lo viene heradando del que le tiene a mi maestro, sé que por lo menos una de mis alumnas peleara (arbitrariamente por cierto) en contra de una seleccionada nacional de la cual me reservo los comentarios porque no la conozco lo suficiente, y que es altamente probable que no gane, que no es lo mismo a que pierda. Sin embargo, tengo que pasar por esto porque en la institución donde se encuentra nuestro dojo, nos lo piden. Personalmente, mi único trabajo, aparte del entrenamiento, ha sido concientizar a los muchachos con estas palabras: "ustedes no van a ganar ni a perder, ustedes van a pararse ahí y a demostrar, no al juez, no a su oponente, mucho menos a mí, sino a ustedes mismos, el resultado de su entrenamiento y analizar cuales fueron sus fallas y sus aciertos. Una vez terminada su participación en la competencia, van a regresar a entrenar, sin importar los resultados, porque no es el resultado el objetivo, sino la consecuencia de su entrenamiento."
No intento ser un grán filósofo, pero tampoco quiero que estos jovenes ni se desvivan por ganar ni se quieran cortar las venas por perder, sino que se traigan una enseñanza, por pequeña que sea, y la utilicen para su crecimiento personal, ya que antes de querer hacerlos karatedokas, la intención de mi escuela es convertirlos en buenos seres humanos. Por cierto, ya mañana 26 de febrero (aquí todavía son las 11 de la noche del 25) les contaré como nos fue. Saludos a todos, y ojalá los reflectores de la fama nunca enceguezcan nuestro camino.

 

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