Analizaré cada regla por separado para explicar lo que quieren enseñar. Las apreciaciones que realice sobre estas normas son totalmente personales, y espero que las conclusiones que exponga sean las que el fundador del estilo deseaba transmitir.
No voy a seguir un orden concreto, ya que hay preceptos que domino más que otros y todavía tengo que clarificar lo que el maestro quería transmitirnos con alguno de ellos. El precepto que da título a este artículo es el número 18.
A mi entender, esta regla transmite un concepto muy importante para la práctica del karate y que no se tiene en cuenta en muchas ocasiones. La diferenciación entre la técnica pura y la aplicación. Por desgracia la mayoría de los practicantes sólo tienen en cuenta la primera parte del precepto -realiza el kata correctamente-. Obviando el resto.
Muchas veces he tenido la oportunidad de asistir a cursos y se ha explicado la aplicación de diversos katas, sin embargo, hay algo que siempre me ha llamado la atención y que ocurre mucho más frecuentemente de lo que debería. El kata se aplica siguiendo exactamente la misma técnica, posiciones, enbusen, etc. que cuando se ejecuta en solitario.
Un ejemplo de esta circunstancia:
Kata Bassai dai ejecutado por miembros de JKA
Como se puede observar, el practicante que ejecuta el kata realiza perfectamente los mismos gestos que si lo realizara en solitario. Los ataques de los asistentes están realizados de forma que encajen en la realización del kata -esta forma de trabajar un bunkai extremadamente básico de los katas, en kobudo, recibe el nombre de Kumi Waza-. Como se puede observar, el Uke es el que se adapta para que Tori pueda realizar las técnicas del kata sin variarlo. Algo totalmente irreal. Ha este tipo de aplicación hay quien lo llama “el bunkai del tonto”.
La segunda parte dice:”el combate real es otra cosa”. Lo que nos indica claramente que el kata y su aplicación tienen diferentes requisitos y que no se debe igualar la técnica del kata con la aplicación. Esto no quiere decir que las técnicas del kata no sean válidas, sino que éstas deben realizarse de otra manera, adaptándose a las circunstancias y buscando la máxima eficacia ante un adversario con intenciones reales. De una forma mucho más natural y sin estar pendientes de buscar la técnica perfecta y el gesto técnico impecable.
A modo de ejemplo. La siguiente fotografía:
Gyaku tzuki en zenkutsu dachi
Como se puede observar, la postura, el puño en el costado y otros elementos hacen que esta técnica no sea precisamente natural. De hecho, nadie va a golpear de esa manera un puñetazo recto en una confrontación real.
Por lo tanto, habría que preguntarse qué utilidad tiene intentar conseguir todos esos requisitos técnicos a los que estamos acostumbrados: la rodilla en la perpendicular del dedo del pie, el puño del costado sobre el hueso de la cadera, no pasar el hombro adelantado, estirar la pierna de atrás, y un largísimo etcétera.
A esta incógnita le encuentro dos respuestas factibles, en primer lugar, adquirir dominio corporal y cualidades físicas que nos permitan adaptarnos a las situaciones que nos origine tener un adversario delante sin tener que preocuparnos por nuestro movimiento. Y como segunda respuesta, tener unos estímulos exagerados para que el cuerpo aprenda que sensaciones son las correctas y sepa captarlas y llevarlas a cabo de manera natural, eliminando las exageraciones cuando sea necesario, y, como en el caso anterior, adaptándose a la situación que nos provoca el adversario.
Siguiendo con el ejemplo expuesto en la fotografía, si observamos los requerimientos técnicos de la posición Zenkutsu dachi nos encontramos fundamentalmente con los siguientes aspectos: la rodilla no debe sobrepasar la perpendicularidad del dedo gordo del pie, la rodilla trasera debe estar estirada, la anchura de los pies debe ser igual a los hombros y el pie trasero no debe abrirse más de 30º anclando el talón contra el suelo.
Poder cumplir con todas estas exigencias proporciona al cuerpo cualidades físicas básicas como pueden ser fuerza, coordinación y flexibilidad. A estas cualidades físicas le podemos sumar las obtenidas con los cambios de ritmo, desplazamientos y trabajo de posiciones de los katas, donde se trabaja el equilibrio, la resistencia, o la velocidad, entre otras. Buscando la pureza técnica se consigue dominio técnico y cualidades físicas que nos ayudarán a manejarlo hábilmente, teniendo sólo que preocuparnos de adaptar nuestras respuestas a las acciones del adversario y poder aplicar las técnicas ejecutadas con un mínimo de eficacia.
Otro uso de la técnica pura es generar en el organismo del karateka sensaciones exageradas para que su cuerpo aprenda que grupos musculares deben implicarse en las diferentes acciones. Al forzar los movimientos correctos de estos grupos musculares se genera un patrón de movimientos que después, al realizarlos libremente se ejecutan de manera sencilla. Si un alumno es capaz de mover la cadera en zenkutsu dachi, es seguro que la moverá cuando sus pies estén separados la longitud de un paso. Si es capaz de clavar el talón atrasado a la hora de golpear, al hacerlo de forma natural, también podrá provocar esta sensación y anclará la pierna trasera lo que generará mayor impacto. No pasará la rodilla delantera de la punta del pie, con lo que conseguirá un mayor asentamiento.
Otros requisitos técnicos, como por ejemplo no abrir los codos en los bloqueos, buscan acostumbrar al cuerpo a un recorrido determinado para poder utilizar determinadas acciones en su máxima eficacia. Después, ese recorrido dependerá de cómo seamos atacados por nuestro oponente teniendo en cuenta que objetivo busca golpear, con que intensidad y que pretendemos buscar nosotros con nuestra acción.
En Shotokan, por citar otro ejemplo, se insiste muchísimo en que las técnicas realicen un recorrido completo, por ejemplo, en el caso del shuto uke, se exige que la mano salga desde la oreja contraria. Esta amplitud de la técnica hace que el cuerpo asimile un recorrido correcto, de forma que al aplicarla contra un ataque real se pueda ejecutar adaptándola a las necesidades del momento. Sería absurdo llevar la mano a la oreja para bloquear un ataque que se dirige directo a nuestra cabeza, lo lógico es que el bloqueo salga directo hacia el ataque o utilizar la carga a la oreja para bloquear y golpear con el canto de la mano finalizando el movimiento. Para esto el recorrido grabado en nuestros paquetes musculares debe ser el correcto.
Como se puede comprobar con lo anteriormente comentado, los requisitos técnicos generan sensaciones que pueden ser extrapolables al movimiento natural del cuerpo y ayudan a realizar las técnicas con mayor potencia y eficacia.
La técnica, tanto en kihon como en kata, esta diseñada para que el cuerpo asimile ciertas sensaciones y recorridos correctos para después utilizarlos al aplicar las técnicas.
Otra de las cosas que debemos tener en cuenta es el uso de la mano del costado, el hikite. Este gesto es uno de los que más controversia genera dentro del karate. En técnica se insiste mucho en su correcta colocación sobre la cresta ilíaca de la cadera, pero no es muy útil ni realista colocar el puño en el costado en una confrontación violenta.
Debemos ser capaces de usar ambas manos, el sukite, para golpear, bloquear, luxar, etc. y el hikite para controlar o para prever una acción del contrario. Por ejemplo, ante un ataque de dos puñetazos consecutivos a la cabeza, podemos utilizar la mano del hikite para bloquear el primer ataque y realizar age uke al segundo, lo que nos permitiría controlar y pasar al contraataque. También para anticiparnos a una posible acción del adversario si se ha bloqueado su ataque por el interior.
Por lo tanto, la mano del costado, hay que usarla para obtener ventaja del adversario, no es un adorno para hacer bonito. En el ejemplo de la fotografía, si se realiza un puñetazo recto de forma natural, lo lógico sería que la mano no fuera al costado, sino que se quedara en las proximidades del pecho o la cabeza para proteger un posible contraataque.
En conclusión, el precepto “realiza el kata con precisión; el combate real es otra cosa”, explica un concepto importante, la técnica, el kihon y los katas, son la forma “ritual” del karate, la ceremonia. La aplicación práctica debe ser diferente y debe estar adaptada a las circunstancias que nos origine el adversario.
No podemos dejarnos llevar exclusivamente por la parte ceremoniosa del arte, ya que eso provocará que las aplicaciones de los katas desaparezcan, dejando el karate en mera gimnasia. Al trabajar las aplicaciones en un ambiente realista se puede comprobar su funcionamiento y encontrar la aplicación que más se adapte a nuestra forma de trabajar y entender el karate.


3 comentarios:
Me gustaría dejar una pregunta a tu explicación de este precepto.
Si el kata y el kihon no son un combate, ¿porqué no se practica el combate solamente?
Hay que tener en cuenta qué los katas son reglas nemotécnicas para no olvidar las técnicas. El problema es que en la actualidad tiene mucha más importancia la práctica del kata que su aplicación.
Si exclusivamente quisiéramos trabajar defensa personal pura y dura o combate, el kata sólo deberíamos hacerlo cuando no tuviéramos un compañero con el que desarrollar sus técnicas. Sería un ejercicio secundario, como cuando en Krav Maga o en boxeo hacen ejercicios de sombra.
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